La historia de Martha Balcarcel, directora comercial de Dolce & Gabbana México

Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Martha tomó el dinero que le dieron sus abuelos y agarró camino hacia la tiendita. Con sólo recordarlo se dibuja una sonrisa en la actual Directora Comercial de Dolce & Gabbana México que en aquel entonces rondaba los 10 años. Sus pasos eran casi un bailecito, divertidas zancadas impulsadas por la enorme carga de expectativas de quien sabe que además de jugar quiere ganar.

De regreso a casa, lo que Martha llevaba en las manos no era un arsenal de dulces, galletas e ingredientes, sino sueños y quizás por eso la idea de jugar a la tiendita era diferente para ella.

Martha tenía que hacerlo a lo grande, más allá de lo lúdico, casi como un ejercicio de lo que le tocaría experimentar años después cuando, tras un tiempo en una importante posición en Chanel México y luego de consolidarse al frente de la comercialización de la firma de Doménico Dolce y Stefano Gabbana, se lanzó como empresaria con Tukul una ecomer de curaduría de arte, mobiliario y objetos.

Sin embargo, de niña, el discurso en el hogar de Martha era el mismo que se repetía en la mayoría de las casas del país y seguramente en el mundo durante la década de los sesenta, ese que, aún dicho sin desdeño, le daba poca importancia a las niñas quienes eran enviadas al colegio sin expectativas profesionales para su vida adulta. “No esperaban mucho de nosotras, es decir, sí buscaban que fuéramos deportistas y mujeres con buenos modales, pero al final nuestras mamás nos educaban para casarnos. Mi papá fue mucho más duro con mis hermanos y eso dice mucho”, recuerda Martha.

La vida transcurrió como “se suponía” para Martha hasta que, ya casada y con hijas, decidió hacer caso a su voz interna y aceptar un puesto como directora de moda en Chanel México. Los comentarios poco favorables sobre su decisión no fueron pocos, incluso recuerda haber escuchado hablando a sus espaldas a algunas de las que se decían sus amigas, juzgada por lo que otras veían como “abandonar a sus hijas” y sin embargo ella siguió adelante hasta convertirse en una de las primeras directivas y empresarias mexicanas en consolidar una voz contundente que apunta a la autorrealización.

Ahora, cuando se mira al espejo y el reflejo le aroja el recuerdo de aquella niña jugando a la tiendita, Martha se lanza una pregunta con tono de auto apapacho: “¿Ves como sí lo lograste?”. Quizás, o más bien, definitivamente, en la vida las mujeres deberían ser más como Martha y menos la cajera en su propio juego de la tiendita.


Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Comenta